jueves, 26 de junio de 2008

Eugenio Granell






Helecho en llamas

1960

Óleo sobre lienzo

91 x 77 cm.




Información del autor: Eugenio Granell nace en A Coruña en 1912. Estudió el bachillerato en Santiago de Compostela y se trasladó a Madrid a finales de la década de los veinte, para continuar su vocación musical. Falleció en 2001. Acude a tertulias en el Madrid republicano y conoce a las principales figuras literarias, inclusive a Valle-Inclán. En el periodo derechista de la República es detenido, pasa varios meses en la Cárcel Modelo de Madrid. Se integra en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Durante la contienda, como militante republicano, es destinado a Valencia y Cataluña. Más tarde pasará al frente de Aragón. La derrota republicana en la guerra civil le lleva al exilio. En Francia vive los campos de concentración, de algunos de los cuales consiguió fugarse. Conoce la invasión nazi. Consigue viajar a América en la diáspora republicana, con recuerdos de escritores como Orwell y Peret, que ha conocido. Se unirá a las corrientes surrealistas, y llegará a exponer en Marx Ernst, Wifredo Lam y otros de ese movimiento, no las conocía antes de concluir la guerra sino por referencias del orensano Cándido Fernández Mazas. Se vincula a esos modos de expresión plástica cuando se encuentra en el Caribe, en Santo Domingo.

Destaca tan pronto, que su primer gran cuadro lo adquiere el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Conoce a los grandes surrealistas franceses, incluido el «papa» André Breton. La dictadura del general Rafael Leónidas Trujillo le invita a cambiar de isla, y marcha a Puerto Rico, donde establece contactos con intelectuales exiliados, como Juan Ramón Jiménez, Federico de Onis, Américo Castro]. Nuevo salto, a Estados Unidos; en concreto a Nueva York, donde es profesor algunos años, hasta jubilarse como emérito del Brooklin College, tras doctorarse. Algunas de sus obras literarias se reeditan en España, como «Lo que sucedió...», que había obtenido el premio Don Quijote en 1967. Regresa con fama bien asentada de pintor, y sus exposiciones se suceden en España, con grandes elogios de la crítica. Exposiciones monumentales de su obra son las que se realizan en A Coruña y en el Centro Cultural de Caixavigo. Su obra está en museos de todo el mundo. Guarda escritos y testimonios de André Breton, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Miró, Pablo Neruda. La pintura es cromatismo, en carmines, verdes, azules, negros, está dicho en siluetas perfectamente delimitadas, y sobre fondos contrastantes. Algo, y no poco, queda de las expresiones de Alberto Sánchez, con Julio González, innovador de formas que ha conocido este siglo. Eugenio Fernández Granell fallece en Madrid en octubre de 2001. La Xunta de Galicia le concede a título póstumo la Medalla de Oro de Galicia 2001 por su trayectoria en el mundo de las artes.


Etapas del autor:

1ª etapa: 1930 (sobre todo a partir de 1940) – 1959 → Surrealismo (“surrealismo caribeño” y principio del periodo mágico en algunas obras de los años 40 ya).
2ª etapa: 1956 – finales de los años 70 → pintura más abstracta y menos caligráfica[1].
3ª etapa: después de los años 70 → pintura más compleja desde la figuración siempre (surrealismo internacional)[2].

Descripción: El lienzo se titula El lecho en llamas y actualmente está en la fundación Granell. Está influida por la etapa precedente que se corresponde a la estadía en las islas a partir del año 1950 (la etapa señalada arriba como “surrealismo caribeño”), donde conoció y sostuvo vínculos estrechos con los más prominentes miembros de las vanguardias de Europa, algunos de los cuales habían estado exiliados en los Estados Unidos y otras países americanos, tales como André Breton, Wilfredo Lam (que se inserta en esa influencia caribeña sobre Granell) y Marcel Duchamp. Otra influencia proviene de Freud y su simbolismo de los sueños (al igual que se influencia de Jung). A pesar de ello, esta obra pertenece a su segunda etapa (la obra data del año 1960), donde su pintura, como ya señalé antes, su pintura se vuelve más abstracta y caligráfica. El espacio es más denso y barroco, y la iconografía, referida siempre a realidades concretas o a visiones fantásticas, parece inspirarse en la espesura y en el grosor cromático – los colores siguen siendo cálidos – de los tapices o tejidos, conseguidos con pinceladas curvas y que forman remolinos. Nos encontramos ante un pastiche de color, que conforma los elementos de la obra. Dando lugar a una sensación táctil del óleo, lo cual nos evoca al mundo de la escultura. Ya que el artista parece crear una escultura en lugar de una pintura. La paleta de color utilizada muestra colores vibrantes destacando la fuerza del rojo y el azul, que actúan contraponiéndose en el óleo; característica que procedía del renacimiento.



[1] Dentro de esta etapa, según el crítico Javier Ruiz estaría otra que comprendería entre los años 1959 – 1985 → “Paisajes Mágicas” en New York.

[2] Recupera la grafía y a veces los ecos totémicos del antiguo indigenismo exótico, las tintas planas y la sinuosidad barroca, el arabesco y un cierto antropologismo, la magia fabuladora con la que inventa los escenarios y las historias que únicamente son posibles en la fecundidad del subconsciente, y el cromatismo intensamente cálido y puro; elementos que junto a las notas de humor – evidentes en los títulos – acaban por consolidar su proyecto como uno de los más intensos del surrealismo internacional.

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